| Un animal de Copa Davis |
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| lunes, 08 de marzo de 2010 | |
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La historia ha visto desfilar tenistas de rango mayor que rinden por debajo de su nivel cuando sienten sobre sus hombros el peso de la bandera. Envueltos en un deporte ferozmente individual pierden aplomo al notar el manto de un compromiso que les sobrepasa. Notan que deben rendir cuentas a un país que no les escruta del mismo modo durante el resto del calendario. De igual manera que existe esta especie también abunda la contraria. Deportistas de élite en torneos repartidos por los cuatro puntos cardinales del mundo que se crecen al clarín de esta peculiar competición por naciones que pone en juego la Ensaladera. Es el caso de David Ferrer, un auténtico animal de Copa Davis que suma en Logroño otro capítulo que añadir a su leyenda. El alicantino llegó a la capital riojana con un muy notable balance de once triunfos en catorce enfrentamientos y eleva el balance a 13-3 después de conceder a España el punto definitivo de la eliminatoria frente a Suiza. Gracias a su faena de aliño en la primera jornada contra Chiudinelli, al meritorio triunfo del doble y a su propia exhibición ante Wawrinka, el equipo de Albert Costa avanza hasta cuartos de final, donde viajará a Francia para proseguir la defensa de sus dos últimos títulos. Ferrer encarna como pocos las virtudes tradicionales que distinguen al tenis español. A saber, una luna de miel permanente con la tierra batida, superficie lenta que permite estirar los tantos, deslizar las zapatillas hasta devolver envíos casi imposibles y convocar la tenacidad como el principal activo del juego. Al de Jávea -quien añade talento porque sólo de voluntad no se vive en las alturas del circuito- hay que ganarle cada tanto. Como novio de la arcilla que es, contesta cuantos recados le llegan hasta desmoralizar al rival. Así le ocurrió ayer a Wawrinka, un tenista de estética impoluta y excelso revés profundo a una mano que claudicó por desvanecimiento anímico. El duelo entre los mejores componentes de España y Suiza duró lo que tardó el helvético en entender su misión por imposible. A Ferrer le bastaba bloquear los notables servicios de su oponente para colocar la bola en juego y, a partir de ese momento, establecer la jerarquía propia de un consumado pasabolas. Pocos jugadores del circuito se arman de tanta paciencia como el levantino para soportar los intercambios y aguardar el, más pronto o tarde, error del adversario. La mente lúcida con la que actúa, su simbiosis de calma y pasión para superar los momentos más complicados, abrieron ayer la brecha entre él y Wawrinka. Ferrer aprovechó sus opciones de romper el servicio de modo proporcional a la incapacidad de su adverdario para obtener el mismo rendimiento. Al de Jávea le bastaron dos 'breaks' en la primera manga para resolverla por 6-2 después de 39 minutos. Fue un set de muy buen tenis entre dos de las veinte mejores raquetas del mundo y gobernado por el español, quien forzaba la defensa del suizo mediante más reveses cortados de los que acostumbra. No en vano, el latigazo seco a una mano de Wawrinka es todo un reclamo del circuito profesional. Pero la clave del contundente triunfo (6-2, 6-4 y 6-0) cabe localizarla en un segundo set de emociones desbocadas. Una manga de juegos larguísimos como consecuencia de igualdades difíciles de romper y enterezas mutuas. Una fase de estilos contrapuestos, entre el revés violento a una mano del suizo y el golpe más laborioso, pero muy eficaz, del español con ambas. Wawrinka cobró la iniciativa golpeando dentro de la pista a un rival que se defendía más allá de la línea de fondo. Once juegos seguidos La consecuencia, la única rotura de servicio que provocó en el saque de Ferrer, suficiente para adelantarse por 4-1 y advertir que el duelo podría alargarse lo previsto antes de empezar. Ahí fue donde el alicantino demostró lo muy bien cubiertas que tiene las reservas de ánimo. Encadenó ¡once! juegos consecutivos que le valieron para adjudicarse la segunda manga y zanjar el cruce ante Suiza con un donut de agujero incluido. Normal. Si ya resulta arduo vencerle un set al de Jávea, pensar en encadenar tres después de siete horas en la pista las tardes anteriores lo interpretó Wawrinka como una labor de titanes para la que no le restaban energías. El suizo expresó su impotencia al ceder el segundo capítulo con una bola tirada a mala leche hasta el techo y la rotura de su raqueta después. En un ejercicio de demolición anímica del oponente, Ferrer se coronó emperador de la última manga, golpeó con la adrenalina disparada que brota al ver tan cerca la meta y evitó a Almagro el trago de decidir la eliminatoria. El murciano ganó su partido intrascendente. Fuente:ElCorreo |
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